Umberto Eco Publicar recuerdo
Escritor, filósofo y semiólogo. Falleció el 19 de febrero de 2016 en Milán
Umberto Eco, un crítico indiscutible
El autor de obras imprescindibles como El nombre de la rosa, en 1980, o El péndulo de Foucault, en 1988, había nacido en Alessandria el 5 de enero de 1932. La última de las obras de su fecunda carrera como autor de novelas de éxito y ensayos de semiótica, estética medieval o filosofía, fue Número cero, una mirada crítica del gran experto de la comunicación sobre una crisis del periodismo que, advertía, empezó “en los cincuenta y sesenta, justo cuando llegó la televisión”.
La vida académica de Eco se inició en 1954 en Turín. Aquel año se doctoró en Filosofía, pero también participó en un concurso de la RAI en el que venció y que lo convirtió en compañero del periodista Furio Colombo y del filósofo Gianni Vattimo en una aventura de complicidades siempre ligada al mundo de la cultura. En los sesenta trabajó como profesor agregado de Estética en las universidades de Turín y Milán y participó en el Grupo 63 publicando ensayos sobre arte contemporáneo, cultura de masas y medios de comunicación. Entre estos ensayos los más conocidos son Apocalípticos e integrados y Opera aperta. El semiólogo milanés también fue catedrático de Filosofía en la Universidad de Bolonia, donde puso en marcha la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, conocida como la Superescuela, porque su objetivo es difundir la cultura internacional entre licenciados con un alto nivel de conocimientos.
Entre sus innumerables premios está el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades del 2000. Inquieto hasta el fin, acababa de lanzar una nueva editorial, La Nave de Teseo.
En un discurso en la Universidad de Turín, Eco aplicó su mirada crítica –no todo es positivo ni negativo en su totalidad—a las redes sociales: “El fenómeno de Twitter es por una parte positivo, pensemos en China o en Erdogan. Hay quien llega a sostener que Auschwitz no habría sido posible con Internet, porque la noticia se habría difundido viralmente. Pero por otra parte da derecho de palabra a legiones de imbéciles”.